A lo largo del día, nuestro cuerpo nos envía múltiples mensajes. Algunos son más claros —como el sueño o el cansancio—, pero otros pueden confundirse con facilidad. Entre ellos, la sensación de hambre suele ocupar un lugar central. ¿Te ha pasado que comes sin tener realmente apetito? ¿O que sientes un impulso intenso por un alimento concreto, incluso poco después de haber comido? Si es así, vamos a aprender a identificar qué tipo de hambre estamos experimentando para acercarnos hacia una relación más consciente y equilibrada con la comida.
Hambre física: la necesidad real del cuerpo
El hambre física es la señal más biológica y básica. Surge cuando el cuerpo necesita energía para seguir funcionando, su gasolina.
Suele aparecer de forma gradual, dando tiempo para elegir qué comer, y acepta varias opciones posibles de alimentos. Generalmente se identifica o siente en el estómago: una presión ligera, un vacío, ruidos o un descenso en los niveles de energía. En este tipo de hambre, solemos mantener una mayor capacidad para tomar decisiones reflexivas y escuchar la saciedad. Después de comer, lo habitual es sentir bienestar, sin culpa ni malestar emocional.
Hambre emocional: cuando no buscamos comida, sino alivio
El hambre emocional aparece cuando estamos intentando regular una emoción a través de la comida. Puede tratarse de estrés, aburrimiento, tristeza, soledad, e incluso alegría intensa.
A diferencia del hambre física, este tipo de hambre suele llegar de manera repentina y urgente, con un fuerte deseo por un alimento específico —normalmente algo que “conforta” o “calma”—. Se siente más en la boca o la garganta y no en el estómago, y conduce a elecciones más automáticas, a veces impulsivas.
Además, incluso después de haber comido, es común seguir buscando más o experimentar culpa o frustración, porque la comida no logró resolver la emoción original.
¿Y existen más tipos de hambre?
Pues efectivamente no solo existe “hambre física” y “hambre emocional”, sino también otras señales internas que también pueden confundirse con hambre:
- Hambre sensorial: Aparece cuando algo nos atrae porque huele bien, tiene buena pinta o recuerda a un momento agradable. No nace del estómago… pero puede ser igual de intensa.
- Hambre social: Comemos porque el contexto invita a ello —una reunión, una celebración o una comida familiar—. A veces acompaña, otras sustituye a la necesidad real.
- Hambre mental: Pensamientos como “debería comer ahora”, “todavía no he comido lo suficiente” o “me lo merezco” pueden empujar al acto de comer aunque el cuerpo no lo pida.
Aprender a reconocer también estas variantes nos permite descubrir qué está pasando realmente y actuar con mayor compasión hacia nosotros mismos.
¿Cómo identificar qué hambre estás sintiendo?
Hay algunas preguntas que puedes ayudar a tomar conciencia y entender de donde viene ese querer comer. La próxima vez que aparezca la sensación, prueba a detenerte unos segundos para preguntarte:
- ¿Dónde siento esta sensación? ¿En el estómago o en la boca?
- ¿Ha venido de repente o poco a poco?
- ¿Aceptaría comer diferentes cosas o solo quiero un alimento concreto?
- ¿Cómo estaba emocionalmente justo antes?
- ¿Después de comer, me siento bien o culpable?
No se trata de juzgarte, sino de conocerte mejor. Cada tipo de hambre tiene una función. La clave está en reconocerlo para responder de forma más ajustada a lo que realmente necesitas.
Con toda esta información, trata de entender tus hambres y ten claro que esto no significa restringir ni controlar más, sino escucharte más profundamente. Algunos pasos útiles pueden ser:
- Hacer una pausa amable antes de comer.
- Planificar comidas regulares para evitar llegar al extremo.
- Nombrar las emociones que aparecen sin intentar cambiarlas de inmediato.
- Buscar alternativas de autocuidado, además de la comida, cuando la necesidad es emocional.
- Pedir acompañamiento profesional si sientes que la comida se vuelve una vía de regulación constante o difícil de manejar.
Diferenciar el tipo de hambre que sentimos es un ejercicio de autoconocimiento y cuidado. En EQUIDAE creemos que la relación con la comida puede ser una ventana hacia la comprensión de nuestras emociones, necesidades y ritmos internos; y trabajamos desde esa mirada: entender el cuerpo, escuchar las emociones y reconocer que alimentarse es algo más que ingerir alimentos. No se trata de comer menos ni de comer “perfecto”, sino de hacerlo desde un lugar más consciente y compasivo.
CRISTINA NAVALES MUÑOZ
DIETISTA-NUTRICIONISTA – COL MAD00256


