El Día del Padre, tradicionalmente vinculado a la figura paterna del hogar, se encuentra hoy en un nuevo escenario. La sociedad ha cambiado y, con ella, los modelos de familia. Ahora tenemos familias monoparentales, homoparentales, familias reconstituidas, adoptivas, de acogida, familias con dos madres, familias con dos padres, etc. La realidad familiar es más amplia y rica que nunca.
Pero entonces ¿Cómo viven estas nuevas familias el Día del Padre? ¿Es una fecha que suma, que presiona, que se resignifica… o todo a la vez?
Lo que cada día tenemos más claro es que hoy existe una diversidad familiar que hace unos años apenas era visible.
Esta variedad implica que no todas las personas celebran el Día del Padre del mismo modo, y eso está bien. Cada familia adapta las fechas a sus historias, necesidades y vínculos reales.
En familias que han construido un discurso abierto sobre su estructura familiar, el Día del Padre suele vivirse sin conflicto. Y algunos niños y niñas pueden vivirlo como una actividad escolar más. Para eso la adaptan a su realidad (“se lo doy a mi mamá”, “a mi abuelo”, “a mi tío”, “a mis dos papás”).
Sin embargo, no todas las familias son iguales, y eso a veces puede generar preocupación.
¿Qué ocurre cuando surge confusión o incomodidad?
En algunos casos, especialmente si hay presión social o mensajes rígidos, pueden aparecer emociones como: dudas (“¿a quién se lo doy si no tengo papá?”), tristeza o nostalgia, enfado si la actividad les hace sentir “diferentes”. A veces, pueden provocar preguntas sobre su propia historia familiar. Estas emociones no son un problema en sí mismas; más bien son oportunidades para acompañar y reforzar su identidad familiar.
En otros casos, puede aparecer sentimiento de ausencia o pérdida. Para niños o niñas que han vivido abandono, distanciamiento o fallecimiento de su padre; esta fecha puede despertar duelo o añoranza, emociones contradictorias, recuerdos complejos. En estos casos es especialmente importante validar lo que sienten y darles permiso para vivir el día como lo necesiten: celebrando, recordando o simplemente pasando página.
¿Cómo viven esta fecha las nuevas estructuras familiares?
En las familias monoparentales (por elección o circunstancia), transforman el Día del Padre en un día para celebrar a la red de apoyo, en un día donde el niño o la niña entregan el regalo a su madre o incluso lo consideran una fecha neutra, sin especial protagonismo. Lo más importante es que el niño o la niña no sientan carencia, sino diversidad.
En las familias con dos madres, a veces nos encontramos que suele haber dos enfoques, celebrar el Día del Padre transformándolo (regalo para una de las madres o para ambas) o no darle importancia si no tiene sentido dentro de su estructura familiar. La naturalidad con que lo vive la familia es el factor clave que determina la vivencia emocional del niño o la niña.
En familias con dos padres, puede darse la situación en que la fecha se puede vivir con orgullo familiar y, a la vez, con el matiz de enfrentar mensajes externos que siguen asumiendo un modelo tradicional. El niño o la niña suelen adaptarse sin dificultad si ven coherencia entre su familia y lo que se les explica en casa.
Con respecto a las familias reconstituidas, para muchos niños o niñas, el Día del Padre es una oportunidad para reconocer al padre biológico, al padrastro que ejerce como figura estable o incluso a ambos. Ya que la inclusión de varios vínculos puede enriquecer la identidad afectiva del menor.
En aquellas familias donde el padre está ausente, puede surgir confusión o tristeza, acompañar, nombrar la realidad sin juicios y ofrecer alternativas (“puedes regalárselo a quien tú sientas”) permite que el niño o la niña no vivan la fecha como una carencia.
Por otro lado, hay que decir, que las escuelas tienen un rol importante en este día tan señalado. Cada vez más centros escolares cambian la actividad por un “Día de las Personas que me quieren” u ofrecen opciones abiertas y evitan reforzar el modelo familiar tradicional como único. Esta nueva situación por parte de los docentes ayuda a que todos los niños y niñas se sientan incluidos, independientemente de su estructura familiar.
Tras esto, quizás nos estemos preguntando si debe celebrarse o no el Día del Padre en estas nuevas familias. Yo considero que no hay una única respuesta ya que lo importante es que la celebración en sí no genere presión, se adapte a la realidad de cada niño o de cada niña, sea un espacio para hablar de vínculos y no de obligaciones.
El Día del Padre puede significar un acto de gratitud hacia un padre, o el reconocimiento hacia otra figura afectiva, o también puede ser un día cualquiera sin carga emocional o un momento de recuerdo si hay una pérdida.
Todas las formas son válidas.



